Las denuncias por fugas en la red de agua potable se han vuelto recurrentes en muchas ciudades y comunidades del estado de Sonora. La realidad es clara, la infraestructura hidráulica superó su tiempo de vida útil, provocando fallas constantes y requiriendo cantidades de miles de millones de pesos para su rehabilitación, un ejemplo está en el sur de Sonora, municipios como Navojoa tienen una red de agua de más de 70 años de construcción. Esta situación ha provocado que la población viva con la incertidumbre de contar con un suministro confiable, a la vez que los organismos operadores se ven rebasados por la cantidad de reportes de fugas y bajas presiones en los domicilios. El desgaste de la infraestructura se refleja en calles con baches por reparaciones frecuentes y en la inconformidad de los habitantes ante la falta de acciones contundentes para solucionar el problema de fondo.
Según los organismos operadores, Hermosillo, Navojoa y Obregón, las tres ciudades más grandes del estado, llegan a desperdiciar hasta el 50% del agua que producen, no sólo en fugas, sino también por tomas clandestinas y hasta evaporación. Algunos de estos municipios logran atender entre 450 y 600 fugas por mes, siendo insuficientes para solventar el problema, el desperdicio de agua es evidente. Las cuadrillas de reparación trabajan a marchas forzadas, pero la antigüedad de los ductos y la falta de recursos limitan sus alcances. Por si fuera poco, la cultura del reporte ciudadano ha aumentado, pero los tiempos de respuesta continúan siendo largos, lo que incrementa la frustración social y el deterioro de la confianza en las autoridades.
«El tema de las fugas es constante, hablamos de decenas por más que son atendidas», confirmó el director general del Oomapasn, Artidoro Lagarda. La problemática es tal que, en ocasiones, se repiten las reparaciones en los mismos puntos, ya que la presión del agua y la fragilidad de los materiales provocan nuevas rupturas. El funcionario señala que, aunque existen planes de modernización, la realidad financiera de los municipios impide avanzar a la velocidad que la situación requiere. Las fugas no sólo representan una pérdida de recurso hídrico, sino también un gasto económico tanto para el organismo como para la ciudadanía, quienes enfrentan incrementos en los recibos por el desperdicio no controlado.
Sin embargo, pese a que se ha señalado el problema, los Ayuntamientos están imposibilitados de hacer frente ante la millonaria inversión que se ocupa. En el caso de Cajeme, cerca de la mitad de su red hidráulica tiene más de 60 años de antigüedad, lo que representaría utilizar todo el presupuesto del año, mil 800 millones para poder rehabilitarlo; en Hermosillo la capital, se ha considerado que hasta el 80% de la red requiere ser sustituida, mientras en Navojoa, se habla de una inversión de hasta 800 millones de pesos para atender el tema, recursos que han llegado, pero a cuentagotas. Esta situación obliga a priorizar intervenciones en las zonas más críticas, dejando vastos sectores en espera de una solución definitiva. La falta de financiamiento sostenido por parte de los gobiernos estatal y federal ha sido una constante que perpetúa el rezago.
El Plan Hídrico Sonora busca, según autoridades, mejorar la infraestructura de las ciudades con una inversión global de 17 mil 707 millones de pesos; sin embargo, los proyectos podrían tardar años en hacerse realidad y su prioridad siguen siendo las presas, no la infraestructura de la ciudad. Este 2026, Sonora amortiguó el problema de la sequía, sólo el 16% del territorio tiene alguna afectación, por lo pronto no es problema, sin embargo, las ciudades siguen perdiendo miles de litros de agua todos los días por una red colapsada, vieja y rebasada que a corto plazo podría comprometer el suministro de la poca agua que se tiene en Sonora. La urgencia de renovar la red de distribución es cada vez más apremiante, pues de no hacerlo, el futuro del abasto de agua potable en el estado podría verse gravemente comprometido.





