Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han realizado un importante hallazgo en el valle y cañón del río Cocóspera, cerca de la frontera entre Sonora y Arizona. Se trata de una aldea de arquitectura de tierra denominada La Ciénega, vinculada a la Tradición Trincheras y con una posible antigüedad de entre 800 y 1200 años. Este descubrimiento fue posible gracias a un proyecto de salvamento arqueológico asociado a las obras del libramiento ferroviario Ímuris-Nogales, bajo la coordinación de la Secretaría de la Defensa Nacional. El sitio representa una etapa previa al reconocido centro rector Cerro de Trincheras, que data de los años 1200 a 1500, y su investigación ha permitido ampliar el conocimiento sobre la ocupación humana en la región.
El equipo del proyecto colectivo Salvamento Arqueológico Libramiento Ferroviario Ímuris-Nogales (SALFIN), encabezado por seis especialistas del Centro INAH Sonora, ha registrado una extensa área habitacional en La Ciénega, que cubre aproximadamente 250 metros de largo por 250 metros de ancho. Los trabajos arqueológicos han permitido identificar alrededor de 60 casas, distribuidas en unidades habitacionales y rodeadas de terrenos que, en su momento, fueron utilizados para la agricultura. La excavación de tres conjuntos habitacionales reveló abundante cerámica y dos áreas funerarias con más de 100 inhumaciones, incluidos entierros de niños y adultos pertenecientes a la Tradición Trincheras. Algunos entierros presentaban modificaciones craneales y otros fueron cremados en vasijas decoradas con concha, lo que sugiere contactos con los grupos hohokam.
Las viviendas identificadas en La Ciénega presentan plantas ovales y rectangulares, son semisubterráneas y sus muros están marcados por alineamientos simples de roca. Estas estructuras se localizan a profundidades que varían entre uno y 2.20 metros bajo la superficie, y corresponden a las primeras fases de ocupación; posteriormente, en los periodos de reocupación, se añadió arquitectura de tierra sobre las bases originales. El arqueólogo Júpiter Martínez Ramírez explicó que dentro de las unidades habitacionales se hallaron muros agregados, formando lo que podrían considerarse vecindades multigeneracionales. Así, se ha podido constatar la convivencia de grupos familiares extensos, integrados por hijos, padres y abuelos, compartiendo espacios delimitados dentro de la aldea.
El análisis de los materiales recuperados y la distribución de las estructuras indica la coexistencia y relación entre las tradiciones Trincheras y Hohokam, dos culturas que durante mucho tiempo se consideraron paralelas, pero cuyas conexiones apenas comienzan a entenderse. Los especialistas han identificado evidencias de migración, abandono y reocupación del sitio en diversas ocasiones, lo que sugiere que La Ciénega funcionó como un espacio fronterizo y de circulación de recursos. Además, el lugar se encuentra en una ruta natural que en la época colonial fue utilizada como camino novohispano, conectando hasta Tucson, Arizona, tras la llegada del misionero jesuita Eusebio Francisco Kino.
Adicionalmente, el equipo del INAH excavó dos asentamientos menores asociados a la Tradición Trincheras, conocidos como Ojo de Agua y La Curva. Este último, cercano a La Ciénega, parece haber sido un núcleo adicional habitado por agricultores que permanecían en la parte baja para cuidar los campos. En ambos sitios se recuperó cerámica representativa de distintas épocas, con mayor ocupación entre los años 800 y 1200. Como parte de la investigación, también se documentaron dos sitios con petrograbados: Petroglifos del Babasac, con más de 200 metros de paneles tallados con figuras geométricas y antropomorfas, y Huellas del Oso, una pequeña cueva con representaciones de pisadas de oso. Aunque aún no se cuenta con un fechamiento absoluto para estos grabados, las características sugieren su relación con la Tradición Trincheras y una antigüedad estimada de entre 800 y 1400 años.





